Escucharon un ruido. Con cuidado Thaeron se asomó por la esquina. Parecía que no había nadie. Sigilosamente cruzó hacia el otro extremo de lo que en su tiempo hubiera parecido una calle. Se resguardó entre un mojón de piedras que abundaban en aquellas apestosas ruinas. Con un gesto hizo una señal al paladín para que lo siguiera.
Razgriz miró a ambos lados y cruzó agachado para reunirse con su compañero, pero no podía evitar hacer un mínimo de ruido. “Maldita armadura, todo este montón de escombros se va a percartar de nuestra presencia”. Finalmente consiguió llegar junto a su compañero.
-Diablos Razgriz, ¿quieres que todo el mundo sepa que estamos aquí? ¿has escuchado eso? Parece que no estamos solos.
-Tal vez hayan sido los demás.
-O puede que Seizan ande cerca de aquí. El señor feudal Marquen nos dijo que se le había visto cerca de Kyriar. Bueno venga, parece que nadie te ha escuchado, eres una lata con patas.
-Esta misión me parece muy rara, ¿por qué debemos capturar a Seizan, que salvó Boreal de las garras de Gandorf?
-Según tengo entendido se infiltró en la mansión de Marquen y le robó una cuantiosa suma de dinero.
Siguieron avanzando por la calle hasta encontrar un gran agujero en el suelo. Justo en el momento en el que se disponían a inspeccionarlo volvieron a escuchar ruidos, esta vez de pasos.
Instantaneamente desenvainaron sus armas pero todo quedó en un susto cuando vieron una inconfundible silueta desaliñada con gafas apoyada sobre un bastón:
-¡Ruconoccol!- exclamaron. ¿Dónde están los demás?
El anciano se sentó para tomar un respiro:
-No lo sé, cuando entramos en este lugar Alak y yo nos separamos para abarcar más terreno. Creíamos que todavía no habíais llegado.
-¿Hay rastro de Seizan?- preguntó Thaeron.
-Todavía no, pero es probable que se haya marchado ya. Si yo tuviera a las huestes de Marquen persiguiéndome no me quedaría mucho tiempo en el mismo sitio. ¿Eh? ¿Qué es eso?-dijo, apuntando con su dedo índice al agujero.
-Íbamos a averiguarlo antes de que llegaras-explicó Razgriz encogiéndose de hombros.
-¡Oh! ¿En serio? ¡Luz!
De la punta del bastón salió una tenue luz que iluminó el agujero. Todo parecía indicar que era una galería subterránea.
-Apaga eso Ruco, no nos conviene delatar nuestra posición-dijo el paladín perspicazmente.
-Oh, me olvidaba de que los elfos pueden ver en la oscuridad, iré pegado a vosotros.
Avanzaron durante unos minutos por un largo pasillo muy deteriorado. Parecía que nadie había estado allí en mucho tiempo. Finalmente divisaron una sala muy iluminada.
-Id con cuidado, allí al fondo se escuchan voces-dijo el mago con un hilillo de voz.
Thaeron asomó la cabeza y se asombró al ver a un hombre con una armadura negra y otro que poseía una vara similar a la de Ruconoccol hablando con…
-¡Un Bálor, es un Bálor!¡Un Demonio de Fuego!¡Tenemos que salir de aquí!-chilló desesperadamente el elfo.
Pero de repente algo empujó a los tres cayendo de bruces en medio de la sala. Cuando se consiguió incorporar, Razgriz vio a un humano de más de dos metros entrando en la sala.
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