-He encontrado a tres más, estaban espiando en el pasillo- indicó el humano.

-Lo sé-bramó el Bálor con voz ronca-los escuché desde el momento en el que bajaron a la galería.

-Bien, bien, bien-dijo el hombre de la armadura mientras se dirigía al grupo-Cuánto tiempo Razgriz ¿Qué tal la Orden de los Altruistas?

Thaeron y Ruconoccol dirigieron su mirada hacia el paladín, que se había puesto rojo de ira:

-Lingrael…maldito traidor…pensamos que te habíamos derrotado junto con Gandorf…

-¡Ja! No es tan fácil vencerme, querido excompañero, aunque seguro que os he dado de que hablar desde mi marcha de la Orden. ¿Cómo nos habéis encontrado? Tal vez seáis un poco más habladores que vuestro amigo…

Dirigió su mirada hacia un punto de la sala donde había una silueta tirada en el suelo. Tenía el pelo negro corto a juego con su piel y su indumentaria, que era un jubón de cuero y unos pantalones muy gastados junto con unas botas embarradas. Curiosamente no había ni rastro de sangre pero aquel semielfo era inconfundible:

-¡Alak!-gritó Ruco mientras corría a comprobar como se encontraba su amigo.

-Rucco…-articuló con una débil voz-lo he oído todo…son miembros del antiguo Ejército de Gandorf…están volviéndolo a reunir en otro mundo…en 6 meses estarán listos para atacar otra vez Boreal…

-¡No vamos a permitirlo Lingrael!-bramó Razgriz mientras desenvainaba su espada y se dirigía hacia él-¡Ruco! ¡Llévate a Alak de aquí!

-Vaya-suspiró el paladín caído- y yo que quería entablar conversación y viejas aventuras…¡matadles!

Al momento, Thaeron ya tenía su cimitarra desenfundada y se enzarzó en un combate con el hombre corpulento, que también había sacado la suya. Mientras tanto, Ruconoccol ayudaba a Alak a levantarse.

Cuando se dirigían a la puerta una pequeña figura apareció por ella:

-¡Lamento el retraso chicos!¡Rommel al rescate!

Una sonrisa recorrió la cara de Razgriz al tiempo que desviaba un mandoble de su enemigo. “Siempre tratando de hacer una entrada triunfal” pensó mientras sacudía la cabeza. De repente vio al hombre del bastón formular unas palabras inverosímiles y apuntar con su bastón a su compañero.

-¡Cuidado Rommel!

De la vara del mago salió disparado un rayo que ágilmente pudo esquivar el valiente mediano, que se arrojó hacia atrás. Sin embargo, el rayo dio contra el techo del pasillo derribando la salida de la galería.

-¡Ja ja ja!¡Ahora no podréis escapar!-rió el mago mientras lanzaba otro rayo contra Ruconoccol.

El impacto fue estremecedor. Ruco se quedó paralizado unos instantes y cayó al suelo fulminado. Alak al encontrarse demasiado débil cayó a su lado.

-¡Ruco!-gritaron sus compañeros.

Una intensa rabia recorrió el cuerpo de Razgriz, que pasando a una posición ofensiva comenzó a golpear con más fuerza y rapidez, pero su rival conseguía desviarlos todos sin ningún tipo de problema.

-Todavía tienes mucho que aprender joven Razgriz-insinuó Lingrael con una sonrisa malvada-sólo estamos jugando. Si hubiéramos querido que murieseis rápido el Bálor se habría encargado de vosotros.

En ese instante Razgriz observó atónito cómo el demonio de fuego seguía de pie en el mismo sitio en el que lo habían encontrado. Este momento de despiste hizo que bajase la guardia.

Thaeron miró con los ojos desorbitados como Lingrael emitía un grito triunfal y alzaba su espada para asestar el golpe de gracia a su amigo. Pero algo extraño ocurrió, de repente sintió que se elevaba en el aire cada vez a mayor rapidez junto a Razgriz y Alak hasta que la oscuridad fue total. En el último instante pudo ver a Ruconoccol sonriéndole con su bastón levantado.

-Salvad Boreal, adiós amigos-dijo con un último suspiro mientras se desplomaba.